Puesto en medio

Texto bíblico: Juan 20:19-23

     El texto del pasado Segundo Domingo de Resurrección es sumamente conocido y altamente utilizado en esta temporada litúrgica. Es la versión del Evangelio de Juan acerca de la aparición de Jesús a sus discípulos, ya resucitado. Comúnmente, nos enfocamos en el mensaje ofrecido por nuestro Señor a ellos cuando les dijo: "Paz a vosotros". No obstante, en esta ocasión, he prestado mayor atención a un detalle que nos ha brindado el mismo relato y que me parece que le hemos pasado por alto con facilidad. Es el momento cuando Jesús entra a la casa donde estaban reunidos los discípulos y, antes de pronunciar palabra alguna, el evangelista relata que el Maestro se "puso en medio". En mi memoria afloraron muchas experiencias en las que los evangelistas resaltan con esa misma frase, interveciones milagrosas de Jesús en la vida de otros. Mientras que en otras instancias, se utilizó la frase para enfatizar alguna enseñanza de importancia del Hijo de Dios. Sólo compartiré algunos de esos momentos que nos brindan la base para entender la intención de las palabras de Jesús: "Paz a vosotros".

     Por ejemplo, ¿recordaremos a Juan el Bautista?, que mientras predicaba dijo: "más en medio de vosotros hay uno a quien vosotros no conocéis... del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado" (Jn. 1:26-27). También, llegan a nuestra memoria varias enseñanzas en las que Jesús puso en medio situaciones de incomodidad para que sus discípulos, seguidores y autoridades religiosas y políticas de su tiempo escucharan el mensaje del Reino de Dios. Recordaremos... cuando puso a un niño en medio para aludir a los requisitos para disfrutar de Su Reino (Mt. 18:1-5); recordaremos la curación milagrosa del hombre de la mano seca (Mr. 3:1-6) y del paralítico (Lc. 5:17-26), a quienes pusieron en medio de Jesús; recordaremos las acusaciones hacia la mujer adúltera (Jn. 8:1-11), quien habría de morir apedreada y Jesús la puso en medio para señalar el pecado de sus acusadores; recordaremos que la cruz de Cristo quedó en medio de dos ladrones (Jn. 19:18); y finalmente, recordaremos la promesa del Señor que donde hay dos o tres reunidos en Su nombre allí Él está (Mt. 18:20).

     No sé si le ocurre a usted lo mismo, pero saber que Jesús se puso en medio de sus discípulos, debe haber provocado en algunos muchos recuerdos de su caminar con él. Pienso, que algunas de estas escenas que hemos citado tienen que haber aflorado en la memoria de algunos. Lo grandioso de esto es que no fue la primera vez que estando en medio de alguna situación compleja, Jesús manifestó su poder como Hijo de Dios. Amado y amada, Dios desea que vivamos en PAZPUESTO QUE Él ESTÁ EN MEDIO DE TODO. Bendito sea el Señor, por el regalo maravilloso de esa PAZ, que nos ayuda a sobrepasar todas las situaciones y momentos de la vida que se ponen en medio de nosotros. Sin embargo, podemos afirmar que sea cual sea nuestra dificultad, habremos se proclamar a los cuatro vientos que nuestro Señor y Salvador Jesucristo, está PUESTO EN MEDIO. ¡Bendito sea el Señor por siempre! Amén.

Los lienzos estaban allí

Texto bíblico: Juan 20:1-10

El domingo pasado celebramos la Resurrección de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. En dicha oportunidad, hicimos referencia a uno de los detalles que nos resalta el evangelio de Juan sobre la escena de la tumba vacía, y es que los lienzos con los cuales cubrieron el cuerpo muerto de Jesús quedaron solos en el sepulcro. ¿Qué relevancia o importancia tiene esto? Quizás, para algunos de nosotros, parezca una imagen más. Sin embargo, para el escritor del evangelio tiene una relevancia tan particular, que los biblistas nos llevan a comparar la resurrección de nuestro Señor con la resurrección de Lázaro (Jn. 11:38-44), en la cual se resalta la imagen de los lienzos de igual manera. Miremos con detenimiento.

En el relato de la resurrección de Lázaro se nos narra que su hermana Marta estaba en el sepulcro con Jesús. Mientras que en el relato de la resurrección de Jesús fue una mujer, María Magdalena, la primera en llegar al sepulcro. Segundo, en el primer relato Lázaro yacía en el sepulcro, "hiede de cuatro días". En el caso de Jesús el sepulcro estaba vacío. Por otra parte, Lázaro responde a la voz de Jesús y salió del sepulcro, aunque con los lienzos que le cubrían el cuerpo y el sudario que le vedaba el rostro. En cuanto a la resurrección del Maestro los lienzos y el sudario estaban en el sepulcro. Ese hecho es resaltado por el evangelista, lo cual como mencioné antes, me llamó la atención. Ese detalle dentro del sepulcro, lo evidenció tanto Pedro como el discípulo amado. ¿Cuál es su importancia?

Cuando vemos la narrativa de la resurrección de Lázaro y se nos dice que éste salió del sepulcro atado, esto me llevó a pensar en los momentos y experiencias de vida, las situaciones que nos rodean, el entorno social, político y económico, que enfrentamos a diario y nos mantienen ATADOS, nos desilucionan, no nos permiten vivir en libertad. Lo que me fascina de ambos relatos es que en la resurrección de Lázaro, Jesús da la instrucción, imperativa, a los que están allí para que le "desaten y le dejen ir". Mientras que en el relato de la resurrección de Jesús, éste no necesito de palabra alguna, sino que los lienzos permanecieran en el sepulcro como evidencia de que había vencido a la muerte y que nada le pudo contener, ni aun los lienzos.

Amado y amada, celebrar la Resurrección de nuestro Señor no solo es afirmar, románticamente, que murió para la seguridad de nuestra salvación y vida eterna, sino también para que sepamos que solo el Cristo Resucitado tiene el poder de desatar de nosotros TODO lo que no nos permite experimentar su paz, su vida abundante y su libertad. Demos gracias a Dios por el regalo de la resurrección de su Hijo, en quien creyendo tenemos vida. Demos gracias al Padre celestial por los lienzos que quedaron en el sepulcro y que nos recuerdan su poder para romper cualquier cadena que nos ata y no nos permite deleitarnos y gozarnos en Él. ¡Aleluya! ¡El Jesús resucitó!

Los sabios de Oriente

Autor: Rvdo. Adolfo Santana Cordero (2017)

Una estrella en los cielos
resplandecía vigorosamente
y dirigía desde muy lejos
a los sabios de Oriente.

Sin esperar otra señal
y de diferentes lugares,
llevaron consigo presentes
sin saber del don celestial.

Otros llegaron a conocer
que los sabios se acercaban
e intentaron comprender
que ruta era la que andaban.

Sin extraviarse llegaron
siguiendo el astro celestial
a la ciudad donde en un portal
les aguardaba el divino don.

Al llegar a Belén notaron
que el momento era especial
y sus presentes dejaron
al que vino del seno virginal.

Oro, incienso y mirra
ofrecieron al Niño Dios
que tal humano en tierra
se rindieron los sabios.