La Perseverancia de los Santos

Tomado de la Confesión de fe de Westminster 6.094-6.096

     Quienes Dios aceptó en su Amado Hijo, los llamó y eficazmente los santificó por
medio de su Espíritu, no pueden caer del estado de gracia de manera total y definitiva, sino que perseverarán hasta el fin para ser salvos por la eternidad.

     Tal perseverancia de los santos no depende de su propia y libre voluntad o de su libre albedrío, sino de la firmeza del decreto de elección. Este decreto nace del amor gratuito y firme de Dios el Padre, de la eficacia del mérito y la intercesión de Jesucristo, la permanencia del Espíritu, de la simiente de Dios en ellos, y de la naturaleza del pacto de la gracia. De todo lo cual surge también la seguridad e infalibilidad de la perseverancia.

     Sin embargo, los creyentes pueden caer en gravísimos pecados, permaneciendo en ellos por algún tiempo, a causa de las tentaciones de Satanás y del mundo, la permanencia de la corrupción restante en ellos, y del descuido de los medios para preservarse. De esa manera atraen el disgusto de Dios, y entristecen al Espíritu Santo. Además, se privan en cierta medida de sus consuelos y de sus gracias; sus corazones se endurecen y quedan heridas sus conciencias; lastiman y escandalizan a otros y ocasionan juicios temporales sobre ellos.